Los SÍ y los NO de la rosácea

 Buenas tardes a tod@s!! después de estar semanas sin publicar, creo que ya iba tocando una entrada nueva (yo y mi capacidad de ir dejando las cosas). Esta vez no voy a hablar de maquillaje sino de cuidado de la piel, específicamente para aquellas personas que tengamos rosácea crónica como es mi caso. Antes de meternos de lleno en el asunto, he de aclarar que la rosácea es una enfermedad crónica de la piel que no tiene cura pero sí puede controlarse de tal manera que nuestra piel luzca lo más homogénea y cuidada posible.

¿QUÉ ES LA ROSÁCEA?

Tal y como he mencionado en el párrafo anterior, la rosácea es una enfermedad de la piel en la cual los vasos sanguíneos se dilatan de tal forma que da ese aspecto de "cara ruborizada" o "cara encendida" debido a que la zona enrojecida suele extenderse a los lados de las aletas de la nariz y las mejillas dándonos un aspecto de estar sonrojadas de forma permanente. Se trata pues, de una piel hipersensible que cualquier cambio de temperatura, ambiente, estado de ánimo, estrés, reacción a diversos cosméticos u otros factores se pone de un color enrojecido debido a que la barrera de la piel está alterada. Por lo tanto, debemos prestar atención a los posibles desencadenantes.

En mi caso, mi brote de rosácea empezó a manifestarse con una especie de manchas enrojecidas que ènsaba que eran granitos y tras echarme productos para los granos no desaparecían. Con el transcurso de los meses vi que esas manchas rojas empezaron a extenderse por la cara 

A continuación, detallaré los productos que empeoraron mi rosácea y aquellos que me funcionaron así como algunas recomendaciones para su cuidado. Una vez dicho esto, he de aclarar que cada piel es un mundo y no a tod@s nos reacciona de la misma manera. Sin embargo, hay cosas que sí son comunes. Veamos:

LOS NO DE LA ROSÁCEA

Teniendo en cuenta su peculiaridad de piel sensible, las pieles con rosácea deben de ser tratadas de forma cautelosa ya que cualquier pequeño inconveniente puede desencadenar un brote o irritación. Estos ingredientes pueden irritar la piel con rosácea y empeorar los brotes.

-ÁCIDO SALICÍLICO: puede provocar escozor inmediato, tirantez, descamación fina y una sensación persistente de calor. Su uso sistemático y prolongado va adelgazando la capa protectora y facilitando que los vasos reaccionen más ante cualquier estímulo. La piel se vuelve hipersensible, se enrojece con más facilidad y los brotes se hacen más frecuentes. 

EXFOLIANTES: mencionando aquellos que tienen gránulos, así como el uso de cepillos o esponjas para llevar a cabo la exfoliación es como pasar una lija por esa muralla, producen microdaños invisibles que activan la inflamación y hacen que los vasos se dilaten aún más. El resultado no es luminosidad, sino ardor, más rojez y, a veces, brotes que duran días. 

-PEELINGS: aceleran la renovación de la piel, adelgazan la capa protectora y dejan los nervios cutáneos más expuestos. En una piel rosácea eso se traduce en quemazón, sensibilidad extrema y empeoramiento progresivo.

-PRODUCTOS CON PERFUME: Con el uso continuado, el perfume puede hacer que la piel esté en alerta permanente. Aparece tirantez, sensación de calor, enrojecimiento más fácil con cualquier estímulo mínimo y brotes que antes no se desencadenaban. Además, en la rosácea es frecuente que la piel tenga lo que se llama hiperreactividad neurosensorial. De esta manera, cuando una piel ya está sensibilizada, el perfume aumenta el riesgo de desarrollar dermatitis de contacto. Es decir, no solo empeora la rosácea, sino que se superpone otra inflamación más, complicando aún más el cuadro.

-ALCOHOL DENAT: el alcohol disuelve los lípidos que protegen la piel y el perfume es uno de los irritantes más frecuentes. Con el tiempo, la piel se vuelve más reactiva y los episodios de enrojecimiento se hacen más frecuentes. Algo similar pasa con muchos aceites esenciales y cosmética “natural” intensa: menta, eucalipto, lavanda o cítricos estimulan las terminaciones nerviosas y pueden sensibilizar poco a poco, aunque al principio no notes nada grave.

-EXPOSICIÓN SOLAR (SIN PROTECCIÓN): suele ocurrir que usamos protector solar solamente los meses estivales y olvidamos usarla en invierno incluso en los días nublados, lo que es un error. Muchas pieles con rosácea ya son más sensibles a la luz de base. Sin filtro solar, se vuelven aún más reactivas. Por eso el uso de protección solar es parte del tratamiento y por tanto, obligatorio. Cuando se prescinde del protector solar, la rosácea suele volverse más inestable, los brotes más frecuentes, la rojez más persistente y la piel más difícil de calmar. 

-MENTOL: el mentol es un irritante sensorial para las pieles con rosácea. Estimula intensamente las terminaciones nerviosas y, como respuesta secundaria, puede provocar vasodilatación: los vasos se abren más. Muchas personas con rosácea notan que tras usar productos con mentol la piel se enciende minutos después. Con el uso repetido de mentol, la piel puede volverse cada vez más reactiva: lo que antes solo causaba un ligero frescor empieza a producir picor, ardor o placas rojas.

LOS SÍ DE LA ROSÁCEA

Al contrario que en el apartado anterior, estos productos resultan adecuados para su uso en pieles con rosácea. Tal y como he dicho anteriormente, se trata de CALMAR la piel y así evitar un posible empeoramiento o brote a lo largo del tiempo.

-CREMAS AR: son un gran aliado para esa este tipo de piel alterada. No suelen prometer milagros inmediatos, pero trabajan en segundo plano reduciendo inflamación, fortaleciendo la barrera y ayudando a que los vasos no reaccionen con tanta facilidad. Muchas incluyen ingredientes que disminuyen la sensación de ardor y escozor —como la centella asiática, la alantoína y otros que refuerzan la piel para que tolere mejor el entorno, como ceramidas o escualano. Algunas incorporan activos como el ácido azelaico en versiones suaves, que ayudan a controlar la rosácea sin irritar cuando están bien formuladas. No se trata de cubrir la rojez de golpe, sino de ir convenciendo a la piel, día tras día, de que no está en peligro.

-AGUA MICELAR ESPECÍFICA: debemos de asegurarnos que sea una específica para piel sensible o con rosácea, especialmente aquellas que sean sin perfume, sin alcohol y con pH respetuoso permitiendo limpiar sin arrastrar los lípidos protectores. Aun así, muchas pieles con rosácea agradecen que después  No es un producto agresivo; es más bien una transición suave entre la piel y el mundo exterior.

-DOBLE LIMPIEZA: es un tema delicado en rosácea. En otras pieles se usa casi como un ritual obligatorio; aquí no siempre hace falta. Puede ser útil cuando llevas maquillaje, filtros solares resistentes o productos muy densos pero si se convierte en una rutina diaria innecesaria, puede acabar eliminando demasiados lípidos naturales y dejando la piel más vulnerable. En esta piel, la doble limpieza es como una herramienta puntual: buena cuando hace falta, contraproducente si se abusa.

-MICRO EXOLIANTES: que sean muy suaves como los PHA o fórmulas con ácido azeláico pensadas para rosácea que puedan ayudar ocasionalmente a mejorar textura y reducir inflamación, pero solo cuando la piel está estable, nunca en pleno brote, y siempre con mucha prudencia.

-PROTECTOR SOLAR +50: para la rosácea es casi un medicamento diario. El sol es uno de los principales desencadenantes de enrojecimiento, ardor y brotes, porque inflama la piel y dilata los vasos sanguíneos. Usar un SPF alto todos los días crea un escudo que evita que esa agresión se repita una y otra vez. Los filtros minerales o mixtos suelen tolerarse bien, y si además contienen óxidos de hierro pueden ayudar a neutralizar visualmente la rojez. Sin esta protección, cualquier crema calmante trabaja cuesta arriba. Con ella, la piel tiene por fin la oportunidad de estabilizarse.

-AGUA TIBIA: ni muy caliente ni muy fría, tibia. El principal motivo es que las temperaturas extremas ya sean frías o calientes pueden empeorar el estado de los vasos sanguíneos y la apariencia de la piel.

-LIMPIADOR SUAVE: es esencial en la rutina. Los limpiadores ideales para rosácea suelen ser de tipo syndet (jabones sin jabón), con tensioactivos muy suaves y un pH parecido al de la piel. No hacen mucha espuma, no huelen fuerte y no dejan esa sensación “limpia de más” que en realidad es sequedad. Muchas veces incorporan ingredientes calmantes como glicerina, pantenol, avena coloidal o alantoína que ayudan a que la limpieza no sea un momento de estrés, sino casi de alivio. Un limpiador suave  ayuda a mantener la piel más estable a largo plazo. Cuando se usa uno adecuado mañana y noche, la piel pierde menos agua, se irrita menos y tolera mejor los tratamientos calmantes o médicos que se apliquen después.

-MEDICACIÓN PRESCRITA POR EL DERMATÓLOGO (SI ES EL CASO): dependiendo de la gravedad o prersistencia de la rosácea, en los casos más resistentes el uso de cremas cosméticas puede no ser suficiente por lo que es preciso tomar la medicación apropiada durante el tiempo correspondiente. Para ello, es preciso tener constancia para obtener buenos resultados.

MI RUTINA DE CUIDADO DE LA PIEL CON ROSÁCEA


Mi rutina de cuidado de la piel es relativamente sencilla, ya que al ser una piel sensible es preciso usar menos productos pero que sean efectivos a tener una rutina interminable de productos los cuales no sabemos como les pueden sentar a nuestra piel.

Por la mañana: sensibio gel moussant (para limpiar los restos de suciedad de la piel durante la noche), contorno de ojos de la roche posay, sensibio AR cream (como crema hidratante para calmar las rojeces),y Frezyderm sunscreen color +50 (para evitar el daño solar en la piel).

Por la noche: sensibio micelar oil (como primer paso de la doble limpieza en caso de que queramos retirar el maquillaje o restos de protector solar), sensibio gel moussant (para terminar de limpiar la piel), contorno de la Roche Posay y sensibio AR cream.

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